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Jueves, 26 de enero de 2017 | Leída 69 veces
OPINIÓ

¿Sanidad o universidad? Sí, ¿en serio?

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[Img #14103]RAÚL MONTILLA.

Periodista.

 

En el programa de TV3 en el que el público preguntaba al presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, hubo una afirmación del Molt Honorable que me sorprendió más que otras. Fue cuando respondió a una chica de Cornellà de 19 años –la que luego se decía en redes sociales que había sido interventora de C’s, como si este hecho provocara la nulidad de su pregunta– sobre las tasas de las universidades catalanas, de precio récord en España.

 

Puigdemont dijo que en su momento se había tenido que elegir entre la sanidad o la universidad gratuita y que hay un sistema que permite que todo el mundo estudie, porque quienes más tienen, más pagan. Y los que tienen menos, estudian igualmente.

 

En Catalunya existen las Becas Equidad que devuelven una parte del precio de la matrícula en función del tramo de renta: el máximo retornable es del 50% del coste. Lo asumen las propias universidades. Lo que no evita, igualmente, que muchas personas se queden fuera: la matrícula de las carreras más baratas superan los 1.500 euros, sin hablar ya del caso de Medicina, donde la cifra está por encima de los 2.300 euros. O de los dichosos másters que ahora son, a la práctica, obligatorios. Son los precios base: luego siempre hay añadidos.

 

Tal sistema de bonificaciones existe, sí, pero no está tan claro que permita estudiar a todo el mundo. De hecho, dudo que exista una confabulación de quejarse por quejarse desde las universidades en donde, por otro lado, suele haber gente muy estudiada.

 

Por cierto, la chica hizo touché cuando preguntó por qué las familias monoparentales no están bonificadas como sí lo están las numerosas.

 

Fueron preguntas, más que duras, estudiadas. Preguntas políticas que el President respondió con politiqueo que es lo que se ejerce desde el atril del Parlament. Y eso que Puigdemont conoce el otro registro, el de la política real. Fue alcalde y, por lo que dicen ediles de diferentes colores políticos, su sensibilidad hacia el mundo local es importante. Un mundo, el del cuerpo a cuerpo, que conoce bien.

 

En la tele asumió el papel del President que se comprometió ser: un máximo líder del Procés, la persona que conduzca a Catalunya hacia, ahora, un referéndum. En eso fue y es honrado. ¿Práctico? No lo sé. El procés es su principal cometido, fue por lo que asumió las riendas del país, o del territorio, o de la comunidad, de la nación o de lo que sea.

 

El problema es que haya tantísimas cosas que no forman parte de la épica de Catalunya que también preocupan. Interesante que TV3 el otro día indignara a quienes no les suele indignar.

 

¿Qué preocupa? La sanidad también. Preocupan las listas de espera, que se colapsen hospitales como Bellvitge, el Broggi, el de Martorell o el Clínic a la vez, después de que en los últimos años se haya recortado en personal, en camas, en habitaciones, en medios...

 

El otro día, a un familiar que le tenían que operar de la vesícula le llamaron en Martorell para decirle si le iba bien que le cambiaran la hora de la operación que tenía al día siguiente, de primera hora de la mañana a última. Después le volvieron a llamar: que si le importaba, una vez acabada la operación, marcharse a su casa porque no había camas. Finalmente. en otra llamada le anunciaron que suspendían la operación porque el anestesista no se hacía responsable si el enfermo se marchaba a su casa después de ser intervenido. Comentaba lo sucedido con otro familiar mientras juntos estábamos delante de los ascensores del Bellvitge, en un pasillo abarrotado que era, al uso, la sala de espera de los quirófanos.

 

Tenemos una buena sanidad. Tenemos buenos profesionales que investigan sobre el cáncer, hacen cirugías de reconstrucción que parecen propias de películas de ciencia ficción o que se recorren el Broggi buscando una silla para un acompañante de un recién intervenido que se tiene que recuperar de la operación, junto a otros enfermos, en la sala del hospital en la que por la mañana dan los tratamientos oncológicos.

 

Imaginen como estaría la sanidad si las universidades fueran gratis… Me decía el otro día un amigo: el problema, de todas formas, no es el proceso soberanista. Es lo que esconde todavía: ni somos tan guapos, ni tan fuertes y mucho menos tan ricos. La alfombra comienza a quedarse pequeña.

 

 

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