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MARÍA JOSÉ ESPINOSA
Miércoles, 10 de mayo de 2017 | Leída 62 veces
ÀREA METROPOLITANA

Generalitat y ayuntamientos reclaman al Estado el traspaso de la B-23 con una dotación de 17 millones de euros

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Sant Joan Despí, Sant Just y Esplugues crean una mesa de trabajo conjunta con el departamento de Territorio y Sostenibilidad y el AMB para impulsar la transformación de esta autopista en una vía urbana

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La Generalitat, el Área Metropolitana de Barcelona (AMB) y los ayuntamientos de Sant Joan Despí, Esplugues y Sant Just Desvern han acordado hoy miércoles crear una mesa de trabajo conjunta para impulsar el proyecto de remodelación de la B-23, que tiene como objetivo revertir la situación actual de esta vía rápida, de gran capacidad y dedicada exclusivamente a vehículos motorizados, de manera que pueda ser entendida como una prolongación de la avenida Diagonal de Barcelona hasta el Baix Llo­bregat.

 

La prioridad más inmediata que han manifestado el conseller de Territorio y Sostenibilidad, Josep Rull; el vicepresidente de Movilidad y Transporte del AMB y alcalde de Sant Joan Despí, Antoni Poveda; la alcaldesa de Esplugues, Pilar Díaz, y el alcalde de Sant Just, Josep Perpinyà, durante la reunión celebrada esta mañana, ha sido que el Estado traspase la titularidad de los últimos cinco kilómetros de esta vía a la Generalitat y que lo haga incorporando los 12 millones de euros necesarios para construir un carril bus –VAO y otros 5,5 millones de euros más para el mantenimiento de la B-23 durante los próximos 10 años, que servirían para iniciar su remodelación.

 

Para los impulsores del proyecto, la creación del carril bus-VAO es una actuación imprescindible y fundamental para fomentar el uso del transporte público y descongestionar el tráfico desde el Baix Llogregat. Según las previsiones, este carril podría ser utilizado por cuatro millones de pasajeros, que podrían ganar un cuarto de hora en el trayecto hasta Barcelona.

 

 “Hay un principio de acuerdo con Fomento, que ya ha mostrado su voluntad de traspasar la vía”, recordaba Poveda. “Pero lo que reivindicamos ahora es que los presupuestos del Estado para 2017 recojan el coste del carril bus-VAO”, añadía.

 

Poveda tiene claro que en un futuro esta vía no podrá absorber tanta movilidad privada. “Por eso hemos de dar a la ciudadanía alternativas al vehículo privado”, reiteraba. En este sentido, comentaba también la necesidad de avanzar en otros proyectos "como un park and ride con lanzaderas de autobuses o carriles para bicicletas".

 

En la mesa de trabajo, la Generalitat, el AMB y los tres ayuntamientos afectados trabajarán en el proyecto de remodelación de la B-23, antigua A2. Actualmente, esta vía responde a los criterios de diseño propios de una autopista, es decir, una plataforma que pasa elevada o deprimida respecto al entorno inmediato y pocos puntos de conexión con otras redes viarias. A todo ello hay que sumarle otros efectos negativos que ha provocado en el territorio como la interrupción en los tejidos de los municipios que atraviesa, la falta de conexión entre ellos y la generación de espacios residuales y de poca centralidad.

 

“Se trata de un proyecto extraordinariamente ambicioso”, aseguraba el conseller de Territorio y Sostenibilidad, para quien la transformación de la B-23 obliga a “pensar en grande” y a unir esfuerzos entre todos los agentes implicados para hacer realidad “el retorno de esta vía a la ciudadanía”.

 

“No sólo estamos hablando de pacificar la B-23 y hacerla más competitiva en cuanto al transporte público, sino de hacer una transformación integral en todo este ámbito”, señalaba Rull. “Esto hace que hablemos de un proyecto de una magnitud considerable y dilatado en el tiempo”, reconocía.

 

Por su parte, la alcaldesa de Esplugues considera “imprescindible” comenzar a trabajar “de manera coordinada” en esta actuación que “ha de permitir vertebrar las ciudades”. Mientras, su homólogo en Sant Just se mostraba satisfecho del encuentro celebrado esta mañana y recalcaba que no se trata de un proyecto urbanístico, “sino de devolver estos espacios a la ciudadanía” para que “se puede pasear o ir en bicicleta y en transporte público de río a río”.

 

Los estudios previos al proyecto, que ya se están realizando, buscan que la autopista tenga un carácter más similar a la Diagonal, prolongando, en cierto sentido, la avenida con cinco nuevos kilómetros, que discurren desde la entrada de Barce­lona hasta la Ciutat Espor­tiva Joan Gamper de Sant Joan Despí, en la frontera con Sant Feliu. Estos cinco kilómetros se sumarían a los 10,5 actuales de la Diagonal y el resultado sería una gran avenida que iría desde el Besòs hasta el Llobregat, dos ríos que en estos últimos años han sido recuperados so­cial y ambientalmente, vol­viendo a disfrutar de la diversidad natural que ha­bían perdido durante la segunda mitad del siglo XX.

Además, el Parque Na­tural de Collserola, la gran reserva natural metropolitana, quedaría conectada con este nuevo eje, a través de la ampliación del Parque Cer­vantes de Barcelona ha­cia el término municipal de Es­plugues.

La intervención que se está estudiando consistiría en la creación de vías laterales, que permitirían a los municipios que actualmente están divididos por la B-23 crear nuevas zonas residenciales y con servicios a ambos lados de la autopista, manteniendo el estatus de esta vía rápida para el tráfico de vehículos motorizados. Las vías paralelas, aunque acogerían todos los modos de transporte (tan­to público co­mo privado), favorecerían los desplazamientos a pie y en bi­cicleta. La separación entre las vías laterales y el tronco central se llevaría a cabo me­diante la configuración de es­pacios libres con vegetación.

 

El anteproyecto también plan­tea la posibilidad de soterrar la B-23 en algunos tramos, aprovechando la di­ferencia de cota de la vía con su entorno. Esta actuación, otra de las viejas reivindicaciones del territorio, permitiría, a largo plazo, crear nuevos parques, y facilitaría a los ha­bi­tantes de los municipios acceder a ambos lados a través de un espacio pacificado.


Hay otros tramos que presentan particularidades, y que el proyecto de reforma deberá tener en cuenta. Éste es el caso, por ejemplo, del extremo de la B-23 que conecta con la Diagonal y la Ronda de Dalt, uno de los puntos más conflictivos de la zona por lo que respecta a la movilidad, y que está resuelto actualmente con un complejo nudo viario que da prioridad al tráfico motorizado. El estudio realizado hace diversas propuestas, por medio del soterramiento de algunas de las vías, para sim­plificar las conexiones entre ellas.

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