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Jueves, 11 de mayo de 2017 | Leída 28 veces
OPINIÓN

Educar

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[Img #15414]JUAN PABLO BEAS.

Periodista.

 

Resulta preocupante comprobar el nivel de competitividad insana que muchos padres y madres inspiran a sus hijos en las competiciones deportivas infantiles.

 

Ver como personas se enzarzan en riñas y peleas en partidos de fútbol de niños es altamente preocupante y más teniendo en cuenta que esa es la imagen que los pequeños acaban asociando a la competición: la agresividad, el enfrentamiento, la falta de compañerismo y la lucha.

 

Esa agresividad a la que exponen a los más jóvenes desde edades tempranas es un síntoma de nuestra sociedad actual, acostumbrada a la consecución de los objetivos sin que medien valores que acompañen el camino para alcanzarlos.

 

Durante muchos años entrené a niños en el club de futbol de mi ciudad y tuve que lidiar, algunas veces, con padres que no entienden la no titularidad de su hijo o que les transmiten a sus hijos unos ideales equivocados en cuanto a la competición.

 

Ante eso, sólo cabe una medicación: la educación. Los monitores y entrenadores (y las familias por supuesto) deben educar a los críos en los valores auténticos de la competición, el de la deportividad y la generosidad con el momentáneo contendiente, quitando importancia al resultado y enseñando que el deporte es fuente de salud y de encuentro, no de peleas.

 

El fútbol de alta competición tampoco ayuda ya que los jugadores a veces no están a la altura del público que los observa. Y más si son los más pequeños.

 

En fin, debemos como sociedad imponer la educación, el respeto y el entendimiento del adversario en todos los ámbitos, especialmente en el competitivo porque sí no es así un juego que debería ser inofensivo puede transformarse en un manual de instrucciones malsano de cómo afrontar la vida cuando esos niños se conviertan en adultos.

 

 

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