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MARÍA JOSÉ ESPINOSA
Viernes, 20 de octubre de 2017 | Leída 76 veces
EL PRAT

Sant Cosme, medio siglo como referente de la lucha vecinal

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El barrio ha sabido encarar con valentía y con éxito los grandes desafíos sociales y urbanísticos a los que ha tenido que hacer frente

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Sant Cosme celebra este año su cincuenta aniversario. Y lo hace siendo un ejemplo de lucha vecinal y presumiendo de ser un barrio que ha sa­bido evolucionar y hacer frente a los desafíos sociales y ur­banísticos que le han perseguido desde sus inicios. Y és­tos no han sido pocos, ya que durante mucho tiempo fue conocida como una zona de conflicto social, con una gran influencia de la de­lincuencia y el tráfico de drogas, así como por su inestabilidad laboral o el absentismo es­colar.


Su convulsa historia está ligada con el realojo de una parte de la población proveniente de una emigración forzada desde otros puntos de Es­paña y de asentamientos chabolistas del entorno del área metropolitana. El barrio nació en el año 1967 y lo hizo con dos elementos de riesgo: uno físico y otro social. A nivel ur­banístico, cuando unas 2.000 familias se instalaron en los pisos públicos que se crearon, entre el barrio y el resto de la ciudad sólo había campos de cultivo. Es decir, comenzaron a vivir en medio de la nada.


Además, Sant Cosme se construyó con muchas deficiencias estructurales en las viviendas. Tras la ilusión inicial por llegar a sus nuevos hogares, las familias se encontraron con paredes y techos que no resistían ni la lluvia ni el frío, y que se iban degradando con demasiada celeridad. Y por si fuera poco, los nuevos inquilinos aún no disponían de una situación socioeconómica estable, y el barrio no contaba con los equipamientos más elementales, como colegios o centros médicos.


Todos estos déficits comportaron años y años de reivindicaciones vecinales, ma­ni­festaciones y asambleas, que poco a poco fueron te­nien­do su recompensa. La pri­mera fue en 1979 cuando la lucha asociativa consiguió que comenzaran los trámites de la primera de las siete fases con las que se remodeló la totalidad de las viviendas del barrio, construidas por el régimen franquista. Aunque para ello tuvieron que protagonizarse momentos críticos como el secuestro del gobernador ci­­vil por parte de un grupo de vecinos como medida de presión para que el gobierno aceptara e iniciara el proyecto.


Este proceso culminó en 2005, al ejecutarse la remodelación de la última fase. De esta manera, Sant Cosme se convertía en el único barrio del Estado que había sido derribado edificio por edificio para reconstruirse desde cero y que sus conciudadanos pudieran vivir en unas condiciones dignas.


A partir del año 2000 también se reorientó, desde la administración local, la for­ma de impulsar el desarrollo y la mejora de las condiciones de vida en el barrio. En este sentido, se otorgó mayor importancia a la participación a través de la creación del Consell de Participació Veïnal i Entitats de Sant Cosme. Y un año más tarde se creaba el Plan de Actua­ción de Sant Cosme.


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Posteriormente se llevaron a cabo procesos participativos para el diseño compartido de distintas áreas del barrio como la calle Riu Llobregat o las plazas de la Amistat y Orcasitas. Ade­más, durante esta etapa también se favoreció la llegada de entidades sociales en el barrio como medida de refuerzo al trabajo comunitario. Tres claros ejemplos son GATS, Es­pigo­ladors y la Fun­dació Ca­ta­lana de l’Esplai, que han contribuido enormemente a revitalizar y vertebrar el barrio.


Otra de las iniciativas destacadas en el ámbito social fue la apertura de un servicio para el tratamiento de conductas adictivas, ya que el consumo de drogas fue una de las mayores lacras del barrio, sobre todo en la década de los 80, cuando la heroína co­menzó a extenderse como una plaga. De hecho, Sant Cosme se había convertido en uno de los mayores supermercados de la droga y muchos diarios de la época se hacían eco de las  pro­testas vecinales y de las op­eraciones policiales que se llevaban a cabo con asiduidad.


En los últimos años se han se­guido produciendo una serie de mejoras en Sant Cos­me que lo han convertido en un barrio dinámico y muy alejado de aquella primera imagen de gueto: reurbanización de calles y plazas, ubicación de servicios básicos (co­mo los juzgados, los Mossos d’Esquadra o los bomberos), la  instalación de em­presas (muchas de ellas de economía social) y la reciente llegada de la línea 9 de Metro. En definitiva, un barrio con todo lo necesario para dejar atrás definitivamente su estigma.


Tras todas sus conquistas en este medio siglo de vida, Sant Cosme está con la vista puesta en el futuro para seguir mejorando, generando nuevas oportunidades y adaptándose a las nuevas necesidades. La historia, sin duda, lo avala.

 

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