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Jueves, 9 de noviembre de 2017 | Leída 70 veces
OPINIÓN

(Casi) todos a la cárcel

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[Img #17176]MANUEL DOBAÑO.

Periodista.

 

Además de la premonitoria frasecita que se le deslizó a JM Maza, y que rezaba, “más dura será la caída”, ha habido otras proclamas que han exacerbado el ya de por sí envenenado clima político y social que atraviesa nuestro país en los últimos tiempos. Como es el caso del casposo “¡a por ellos!” y, sobre todo, del justiciero “¡todos a la cárcel!”; imaginando, quizás, que estamos ante una nueva versión cinematográfica de un Berlanga resucitado.

 

Pues sí, al final, una buena parte de los implicados en la querella interpuesta por la Fiscalía General del Estado, y reafirmada por la juez Carmen Lamela, contra el Govern y la Mesa del Parlament, han acabado con sus huesos en la cárcel, acusados de rebelión, sedición, malversación y no sé cuántas fechorías más. Justicia meteórica para unos, y no tan rápida para otros…  

 

Pero, por ahora, no todos están en la trena, porque el presi Carles Puigdemont y algunos de sus consellers han decidido protagonizar una particular y arriesgada aventura en tierras en las que se gestó el intrépido reportero Tintín. Mientras tanto, escuchaba en la radio que un tal Rodrigo Rato, y otros ilustres delincuentes de guante blanco vinculados al PP, campaban a sus anchas por tierras hispanas. Y en la tele soltaban que los populares son un partido minoritario en el Parlament y el más corrupto de Europa.

 

¿La justicia es igual para todos?, me preguntaba a bote pronto mi ínclito amigo “El Cínico”. Y yo le respondía que la cosa está que arde con todo el galimatías que se ha liado en Cataluña y en el resto de España. No le arriendo la ganancia a los que piensan que se puede apaciguar el complejo conflicto catalán a base de represión policial y judicialización de la política, y con la única premisa de que la ley está para cumplirla, y punto (o sea, aplicar el controvertido 155). 

 

Para intentar salir del laberinto en el que ahora mismo se encuentra la res pública, todo el mundo reclama diálogo. Un diálogo que no ha sido posible, dicen, porque lo ha impedido el núcleo duro del PP. Y llegados a este punto, me viene a la memoria la siguiente historia. Son dos que se cruzan con la caña al hombro en el puente de un río: “¿Vas a pescar?”. ¡No, voy a pescar!”, y el otro le contesta, “¡Ah, pensaba que ibas a pescar!”. Ejemplo elocuente de diálogo de sordos, como el que acostumbran a practicar nuestros inútiles políticos.  

 

En otro orden de cosas, en mi tierra gallega sufrimos en su día el tremendo episodio de aquellos malditos ‘hilillos de plastilina’ que  tiñeron de negro las hermosas Rías Baixas. Igual que la negrura que más recientemente dejaron tras de sí los pavorosos incendios. Es el retorno siniestro de aquella ‘negra sombra’ que cantara la gran Rosalía de Castro en sus versos inmortales. Tanto por lo del chapapote, como por lo de los incendios, en Galicia (casi) nadie ha acabado en la cárcel.

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