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Jueves, 8 de febrero de 2018 | Leída 47 veces
OPINIÓN

La diferencia entre predicar y dar trigo

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[Img #18352]MANUEL DOBAÑO.

Periodista.

 

Todas las formaciones políticas que en este país han tenido la oportunidad de chupar mínimamente de la teta del poder, están hasta las cachas de corrupción en mayor o menor medida. Solamente los que aún no han podido saborear el pastel de la gobernabilidad, están exentos de cualquier mácula de trapicheo financiero. La excepción que confirma la regla recae, por el momento, en el emergente C’s, un partido político que no tiene demasiado desgaste de gobierno, ya que sus dos principales feudos de poder, al parecer, se concentran en Mijas y Valdemoro. 

 

Hasta la fecha, siempre ha sido así, si la cosa no se remedia. Los partidos políticos que han prolongado sus posaderas en la poltrona del poder, lamentablemente, llega un momento en el que, si quieren continuar adelante, no tienen más remedio que buscarse la vida más allá de lo que permite la sacrosanta ley; básicamente, para hacer frente a sus gastos de mantenimiento y, sobre todo, a sus costosas campañas electorales. Y, por medio, siempre aparecen los conseguidores, tipo Bárcenas y Cía., que, de paso, repostan generosamente sus insaciables bolsillos particulares.

 

Las sustanciales cuestiones que al respecto me vengo haciendo desde illo tempore, son que no es lo mismo predicar que dar trigo, y que si un partido político consiente que un agradecido empresario le largue la guita, mi ingenua pregunta es inevitable: ¿a cambio de qué? ¡Claro!, luego viene lo de las puertas giratorias y demás apaños a los que nos tiene acostumbrado la actual res pública española; o sea, el sistema neoliberal-capitalista que gobierna nuestras vidas. Este es, digamos, el asunto que más solivianta mis ya maltrechas neuronas.

 

Para rematar esta cruda realidad de corrupciones, nada mejor que echarle un poco de ironía a la cosa. En un pueblecito del Alto Palancia conocí hace unos años a un entrañable personaje. Se llamaba Ramonet y siempre que se le ocurría una de sus frecuentes bromas, él era el primero en aplaudirse. Mi sorpresa fue cuando, días atrás, observé por la tele al presidente de EE.UU., Donald Trump, que se aplaudía a sí mismo al final de su discurso del Debate de la Nación. Por lo que se ve, el del tupé tampoco para de predicar, aunque deja mucho que desear en lo de dar trigo a según qué prójimo…

 

Y sobre el candente conflicto catalán, ¡no lo podía pasar por alto!, una vez más se ha evidenciado aquello que decía el torero, que “lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible”; una frase tan afortunada como la de predicar y dar trigo.

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