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Dulce Valero
Lunes, 26 de marzo de 2012 | Leída 588 veces
EDUCACIÓ

Espíritu emprendedor y capacidad creativa, también en horas de clase

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La escuela Milagros Consarnau de Santa Eulàlia desarrolla el proyecto piloto “Emprendre a la meva escola”, que implica a los alumnos en la creación y gestión de una cooperativa escolar

Capacidad creativa y espíritu emprendedor, ca­pacidad para tomar decisiones y desarrollar una actitud de indagación y curiosidad para conocer las demandas del entorno socioeconómico y la habilidad para obtener, seleccionar e interpretar información, son algunas de las competencias que están adquiriendo este curso medio centenar de alumnos de quinto de primaria de la escuela Milagros Consar­nau, en Santa Eulàlia, uno de los siete centros públicos de la provincia de Barcelona donde se lleva a cabo el proyecto piloto Emprendre a la meva escola.

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Este programa ha sido desarrollado por la Ciudad Industrial del Valle del Nalón (Valnalón) de Astu­rias en diferentes ciudades y escuelas de todo el Estado, y busca promover la adquisición de competencia em­prendedora en edad escolar para incrementar vocaciones empresariales a largo plazo, y para establecer puentes de colaboración entre el mundo educativo, el mundo económico-laboral, la administración local y la comunidad. En la provincia de Barcelona, la propuesta, a través de la Diputación, se basa en la gestión de una cooperativa escolar fabricando productos que venderán los alumnos en un mercado de su localidad. En el caso de la escuela Milagros Consar­nau, están creando collares, pendientes, marcos para fotos, broches y móviles (todo con material reciclado), que venderán en mayo en el mercado de Santa Eulàlia. Y los beneficios económicos que obtengan re­ver­­tirán en el grupo para hacer algo en común, una fiesta o una excursión. “El objetivo final no es ni elaborar el producto, ni venderlo, ni sus beneficios, sino que los alumnos aprendan a trabajar de forma cooperativa y a tomar decisiones en gru­po”, explica la jefa de estudios del centro, Cristina García.

El proyecto implica a los alumnos en todo el proceso de creación de la cooperativa, desde la elección de un nombre y de un logo, hasta la elaboración de los estatutos, la constitución de un equipo directivo, la inversión de un capital inicial para comprar el material con el que se elaborarán los productos (tres euros por familia que luego se devuelven cuando se consigan los beneficios) y estudios de mercado de cuáles son los productos más adecuados para vender. Además, todas las decisiones se toman en asamblea, uno de los objetivos de la cooperativa.

El proceso es tan real, que los alumnos tendrán la op­ción de ir a un banco a pedir un préstamo para crear la empresa y solicitar, incluso, un CIF ficticio al Ayunta­miento y un permiso de venta ambulante para cuando vendan sus productos en el mercado. Posteriormente, el 10% de las ganancias también tendrán que destinarlas a una ONG.

Proyecto interdisciplinar

La magnitud del proyecto ha obligado al centro a adaptar las asignaturas curriculares a los nuevos conocimientos. “Hace­mos la producción del material en horas de plástica, revisamos las cuentas de la cooperativa en matemáticas, en las horas de catalán se redactan los estatutos, y en las horas de ciudadanía se hacen las asambleas. Es un proyecto muy interdisciplinar”, explica García. Los profesores encargados del proyecto también han recibido una formación específica para su aplicación.

Magna Martín, tutora de quinto, asegura que con este proyecto se trabajan valores como “la cooperación, la to­le­rancia y el respeto” “se to­man decisiones que no ha­bían tomado nunca". Martín considera que “es una aproximación a la vida real que antes no tenían. Ellos se administran, ellos deciden”.

De momento, Gerard, Alba, Carlos y Núria, con 10 años, disfrutan en el colegio con el trabajo artesanal y muestran todos ellos interés por crear su propia empresa en un futuro. “El cargo en la cooperativa no es importante, sino divertirse y participar”, explica Núria.

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