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María José Espinosa
Sábado, 5 de mayo de 2012 | Leída 233 veces
SITUACIÓN DE LOS PROFESIONALES DE LA ENFERMERÍA EN LOS HOSPITALES Y CENTROS DE ATENCIÓN PRIMARIA

Los recortes castigan a la enfermería

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Los profesionales del sector critican la falta de personal como consecuencia de no sustituir las bajas o las vacaciones • Desde el sindicato SATSE denuncian que en el Hospital de Bellvitge existe un déficit actual de unas 200 enfermeras

La sanidad se ha convertido en el blanco perfecto de los gobiernos estatal y autonómico sobre el que aplicar sus drásticos recortes. Los pacientes y los profesionales son los que están pagando las consecuencias de esta “política de ajustes”, como la denominan los máximos responsables, ya que estos tijeretazos sin precedentes en uno de los pilares básicos del Estado del Bienestar se están haciendo a costa de rebajar los sueldos de los profesionales, de cerrar plantas hospitalarias, de reducir la actividad quirúrgica (con el consecuente crecimiento de las listas de espera), de no contratar a eventuales, de disminuir los precios de las guardias y de la jornada, o de aplicar un polémico copago farmacéutico de los medicamentos en función de las rentas, una medida de la que solo estarán exentos los parados sin prestación.

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El personal sanitario, mé­dicos y enfermeras, ha pro­ta­gonizado durante los dos úl­timos años multitud de pro­testas y manifestaciones con el objetivo de denunciar que todos estos recortes po­nen en peligro la atención a los pacientes. “La calidad asis­tencial ha disminuido mu­­chísimo porque trabajamos en peores condiciones”, asegura el dele­gado sindical de SATSE  (sindicato mayoritario de enfermería) en el hospital de Bell­vit­ge, Ra­mon Montoya. Entre muchas otras medidas, desde el sindicato rechazan la falta de personal como consecuencia de no sustituir las bajas laborales, vacaciones o permisos reglamentarios, y denuncian un déficit actual de 200 en­fermeras. “Tene­mos a nuestro cargo entre 12 y 14 en­fermos en plan­ta y lo idóneo sería seis co­mo máximo, ya que estamos hablando de pacientes semicríticos, con patologías complejas y que requieren de más cuidados y atención”, ex­plica Mon­­­to­ya. La realidad en la gran mayoría de hospitales es que no se cubren las plazas vacías, y “cuando sí se hace es con contratos de días sueltos o de dos o tres meses como máximo, cuando antes la contratación para interinos o eventuales era de seis meses o un año”, dice Mon­toya, que asegura que “este año se han hecho 300 contratos menos que el año anterior”. Desde el sindicato lamentan que las diferentes medidas impuestas por los gobiernos de CiU y PP “comporten el despido de profesionales y la disminución de la contratación, en lugar de propiciar la adecuación de las plantillas a las necesidades reales de los centros y de los usuarios”.


El déficit de enfermeras provoca que “las so­brecargas sean muy fuertes, que estemos desbordados con el trabajo (sobre todo en situaciones de riesgo como la gripe o la ola de calor) y que muchos compañeros sufran estrés y depresiones”, reconoce Mon­­toya. “Y to­­do ello puede comportar que cometamos más errores. Y eso es gravísimo porque no hay que olvidar que trabajamos con personas, no con má­quinas”, añade.


Una sobrecarga laboral que afecta negativamente al estado de ánimo del profesional de enfermería, que además ha visto cómo se ha reducido considerablemente su salario. “En estos dos años de recortes, una enfermera ha perdido unos 6.000 euros anuales, lo que significa una reducción del 20%”, explica Montoya. “La desmotivación es generalizada y hay personas que después de 25 años ejerciendo su profesión en este hospital, tienen mie­do de venir a trabajar por la in­seguridad y la incerteza la­boral que existe en estos mo­mentos”, asegura.


La situación que se vive en el otro hospital del ICS del territorio, el de Viladecans, es muy similar a la de Bellvitge. “El año pasado éramos unas 150 enfermeras, y este año somos 30 menos”, explica la delegada de SATSE en este centro hospitalario, Carolina Gutiérrez. “El problema es que no se cubren ni las bajas ni las jubilaciones, y cada profesional tenemos que atender diariamente entre 9 y 15 enfermos”, asegura. La situación es mucho más dramática en Urgencias, donde ha aumentado considerablemente la presión asistencial “ya que se están doblando pacientes en los boxers y en los pasillos, con el mismo personal que an­tes”, dice la enfermera. Como su homólogo en Bellvitge, Gutiérrez también se lamenta de “la bajada del sueldo, de los contratos precarios (asegura que en estos momentos hay vigentes en el centro 30 contratos de un mes) y del empeo­ramiento de las condiciones laborales de las enfermeras, lo que está provocando mu­chos problemas físicos y psíquicos en la plantilla”


Desde el Hospital Moisès Broggi de Sant Joan Despí también se respira tensión. “Es mucha la incertidumbre que tenemos, ya que cada semana anuncian nuevos recortes”, reconoce la delegada del sindicato de enfermería, Eli García. En este hospital, el déficit de plantilla no es tan flagrante como en los otros dos, aunque también sufren más carga asistencial que hace dos años. “Por la tarde contamos con un auxiliar menos y por la noche también han reducido la plantilla en una enfermera y un auxiliar menos. Además, las unidades han pasado de tener 30 a 34 enfermos”, dice. “Es evidente que el tiempo de atención al paciente no puede ser el mismo que antes, ya que nos vemos obligadas a hacer más rápido nuestro trabajo”, señala.


Los recortes no solo han pasado factura al personal sanitario de los hospitales. En los centros de atención primaria de la comarca también se viven situaciones complicadas a causa, sobre todo, del déficit de personal. “Los am­­bulatorios del Baix Llobre­gat cuentan con una plantilla aproximada de 600 enfermeras, lo que nos sitúa a niveles del año 2005”, explica Hipó­lito Amador, responsable de SATSE de la atención primaria en el territorio. “Con estos números, hablamos de un dé­ficit de un 20% de profesionales si queremos dar una correcta atención asistencial”, dice. Y el problema se acentúa aún más cuando una enfermera no puede acudir a trabajar., porque “esa baja no se cubre, y esto provoca que al compañero se le acumulen los pacientes y, por lo tanto, el trabajo”. Tras 30 años ejerciendo como enfermero, Amador recuerda la importancia de dedicarle el tiempo necesario al enfermo. “En muchas ocasiones es primordial la empatía con el paciente, escucharle y darle ánimos. Y cada vez es más difícil hacerlo con la sobrecarga de trabajo que sufrimos”, se lamenta.

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