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Jueves, 24 de mayo de 2012 | Leída 59 veces

¡Liberad a Auster!

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[Img #2218]JUAN PABLO BEAS. Periodista
Existen supuestas élites intelectuales que se de­dican a secuestrar autores. Me refiero a aquellos que viven engolados mirándose el ombligo, esos estratos autoproclamados indies o de cualquier otra forma, que de­ciden que determinados ar­tistas son suyos, de nadie más y que solo los pertenecientes a su pléyade de excelsa categoría mental pueden apreciar.
Sea dicho por anticipado que no tengo nada en contra del ambiente y arte indie sino de aquellos que solo necesitan su etiqueta sin preo­cuparse de vestir su traje.
Paul Auster, por ejemplo, el escritor neoyorquino, es uno de los autores secuestrados por este colectivo de parecer mucho y resultar poco. Decir que estás leyendo lo último de Auster es como clamar al cielo, como invocar a los ángeles del inte­lectualismo impostado, directamente te permite formar parte de lo más granado. Pasa con otros muchos au­tores pero me hace especial gracia que el americano, al que me encanta leer, se haya convertido en su principal rehén.
Pues bien, el otro día y de ahí viene este artículo, voy a la casa de Lola Sánchez, 71 años, mujer sencilla y de vida trabajada, toda la vida detrás de una barra, y me dice que para ejercitar su mente, algo herida por un ictus pasado, está leyendo Viajes por el scriptorium de Paul Auster y que va por la segunda lectura porque le quedaron cabos sueltos. Y, de repente, veo a Auster salir de la prisión de la intelectualidad fingida y dar saltos de alegría respirando el aire de la libertad literaria, de lo sencillo, de lo hermoso que es el arte cuando no es retenido por egolatrías primarias.
Esa mujer me dio una  lección de vida, de sencillez, de aprovechar todo lo que llega a tus manos sin que llegue por querer proyectar algo sobre uno mismo. ¿Existe una forma más bella de disfrutar del arte que así, de forma tan pura?

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