OPINIÓN
¡La aboliremos!
Sonia Guerra. Secretaria de Políticas Sociales del PSC y portavoz de Derechos Sociales del Grupo Parlamentario Socialista
![[Img #42778]](https://elfar.cat/upload/images/05_2022/7477_sonia.jpg)
Los y las socialistas nos quedamos solas ayer defendiendo la abolición de la prostitución en la ponencia de la Ley Orgánica de Garantía Integral de la Libertad Sexual, la conocida como Ley del sólo sí es sí. Con este nuevo instrumento legal, el silencio o la pasividad dejan de ser sinónimos de consentimiento. Pero parece ser que no todas las mujeres tenemos derecho al sólo sí es sí.
La pensadora socialista y feminista Flora Tristán escribía en 1840, en sus Paseos en Londres, un capítulo dedicado a las mujeres prostituidas. En él afirmaba que “la prostitución es la más horrible de las aflicciones producidas por la distribución desigual de los bienes del mundo”. Relacionaba así la escritora peruana prostitución con pobreza y vulnerabilidad social.
Como sucediese en la Inglaterra del siglo XIX, las mujeres seguimos siendo discriminadas, siendo la máxima expresión de esa discriminación la violencia. La violencia que ejercen algunos hombres sobre las mujeres por el simple hecho de ser mujeres. Violencia física, psicológica, económica, sexual. Y sí, es violencia sexual, y no otra cosa, lo que se ejerce contra las mujeres prostituidas. La exclusión de la persecución del proxenetismo y la tercería locativa del texto legislativo, diferencia entre ciudadanas de primera, con derecho a desear y consentir, y mujeres esclavizadas, sin derecho a tener derechos, sin derecho a tener deseo.
Las feministas no podemos lanzar mensajes equívocos. Debemos ser claras y contundentes. Si no lo hacemos, corremos el riesgo de blanquear la esclavitud del siglo XXI. Es falaz el posicionamiento regulacionista cuando diferencia entre trata y prostitución. Ambas son dos caras de la misma moneda. Prostitución y trata participan del mismo marco mental patriarcal que nos violenta a todas y cada una de nosotras. El mismo que hace, según la Organización Mundial de la Salud, que una de cada cuatro de nosotras sufra violencia machista. No lo olvidemos.
No podemos ni debemos seguir esquivando un debate necesario, vital y urgente. Es el momento de abordar esta forma de vulneración de los derechos humanos. Es el momento de legislar también por y para ellas. Para las más vulnerables. Para las más explotadas. Para las más invisibilizadas. Por eso el Partido Socialista, tras quedarse sólo defendiendo la abolición de la prostitución en la Ley de Libertad Sexual, ha decidido presentar una Proposición de Ley para tipificar el proxenetismo en el Código Penal, perseguir la tercería locativa (lucro por alquilar un espacio donde se prostituye a las mujeres) y sancionar a los hombres que recurran a la prostitución.
Porque nunca hubo ni habrá consentimiento en la prostitución, porque jamás hubo ni habrá libertad en la explotación sexual; porque nosotras, las mujeres, sólo seremos realmente libres con la abolición. Y lo vamos a hacer, que no lo dude nadie, la aboliremos, aunque lo hagamos solas.
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Los y las socialistas nos quedamos solas ayer defendiendo la abolición de la prostitución en la ponencia de la Ley Orgánica de Garantía Integral de la Libertad Sexual, la conocida como Ley del sólo sí es sí. Con este nuevo instrumento legal, el silencio o la pasividad dejan de ser sinónimos de consentimiento. Pero parece ser que no todas las mujeres tenemos derecho al sólo sí es sí.
La pensadora socialista y feminista Flora Tristán escribía en 1840, en sus Paseos en Londres, un capítulo dedicado a las mujeres prostituidas. En él afirmaba que “la prostitución es la más horrible de las aflicciones producidas por la distribución desigual de los bienes del mundo”. Relacionaba así la escritora peruana prostitución con pobreza y vulnerabilidad social.
Como sucediese en la Inglaterra del siglo XIX, las mujeres seguimos siendo discriminadas, siendo la máxima expresión de esa discriminación la violencia. La violencia que ejercen algunos hombres sobre las mujeres por el simple hecho de ser mujeres. Violencia física, psicológica, económica, sexual. Y sí, es violencia sexual, y no otra cosa, lo que se ejerce contra las mujeres prostituidas. La exclusión de la persecución del proxenetismo y la tercería locativa del texto legislativo, diferencia entre ciudadanas de primera, con derecho a desear y consentir, y mujeres esclavizadas, sin derecho a tener derechos, sin derecho a tener deseo.
Las feministas no podemos lanzar mensajes equívocos. Debemos ser claras y contundentes. Si no lo hacemos, corremos el riesgo de blanquear la esclavitud del siglo XXI. Es falaz el posicionamiento regulacionista cuando diferencia entre trata y prostitución. Ambas son dos caras de la misma moneda. Prostitución y trata participan del mismo marco mental patriarcal que nos violenta a todas y cada una de nosotras. El mismo que hace, según la Organización Mundial de la Salud, que una de cada cuatro de nosotras sufra violencia machista. No lo olvidemos.
No podemos ni debemos seguir esquivando un debate necesario, vital y urgente. Es el momento de abordar esta forma de vulneración de los derechos humanos. Es el momento de legislar también por y para ellas. Para las más vulnerables. Para las más explotadas. Para las más invisibilizadas. Por eso el Partido Socialista, tras quedarse sólo defendiendo la abolición de la prostitución en la Ley de Libertad Sexual, ha decidido presentar una Proposición de Ley para tipificar el proxenetismo en el Código Penal, perseguir la tercería locativa (lucro por alquilar un espacio donde se prostituye a las mujeres) y sancionar a los hombres que recurran a la prostitución.
Porque nunca hubo ni habrá consentimiento en la prostitución, porque jamás hubo ni habrá libertad en la explotación sexual; porque nosotras, las mujeres, sólo seremos realmente libres con la abolición. Y lo vamos a hacer, que no lo dude nadie, la aboliremos, aunque lo hagamos solas.










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