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Viernes, 22 de Diciembre de 2023
OPINIÓN

Ser solidario tiene su recompensa

JOAN GARCÍA. Presidente de Creu Roja Cornellà

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La solidaridad es un valor que mueve al ser humano a dar, ayudar o apoyar a otras personas a conseguir un objetivo sin esperar nada a cambio. No es objeto de intercambio, como el saludo, sino que rige la conducta cuando tomamos conciencia de que alguien necesita ayuda y es imprescindible.


Concurre con valores como la generosidad, la justicia, la amistad y la cooperación, necesarios para conseguir determinados fines que de forma individual no se podrían alcanzar.


En la actualidad la solidaridad a gran escala se promueve socialmente, siempre acompañada de emergencia, ante grandes desastres naturales, conflictos bélicos, epidemias o pandemias. Es una respuesta a llamadas que difunden las ONG’s, los medios de comunicación y los Servicios Sociales de las administraciones públicas e, incluso, de empresas que aún y creadas con fines mercantiles entienden, financian y desarrollan paralelamente a su objeto acciones sociales solidarias.


Tienen como denominador común responder colectivamente a hechos graves con un gran número de damnificados por lo que la respuesta sólo es relevante si el desastre sobrepasa la barrera de lo normalmente conocido. Cuando el hecho necesitado de solidaridad se convierte en recurrente y habitual, la acción solidaria pierde notoriedad y queda para que la desarrollen unos pocos.


Los rescates en el mar de migrantes que se juegan la vida para llegar a Europa o los pasos transfronterizos. Son noticias que se difunden, a menudo, por lo que ya no obtienen la respuesta esperada. Otro ejemplo son los despliegues solidarios al inicio de un conflicto bélico que luego van perdiendo fuelle poco a poco cuando la guerra se alarga.


Parece que la respuesta solidaria vaya inexcusablemente aparejada a la emergencia, de forma que si no hay emergencia no hay respuesta solidaria cuando en realidad la emergencia se debe traducir en rapidez en la respuesta, pero no la falta de ella.


Por ello, la solidaridad ha de ejercitarse en el plano individual como si de un músculo se tratase. Haz que tu actividad diaria sea ejercitar la solidaridad: dona lo que no utilices, escucha a quien necesite ser escuchado, haz voluntariado, practica consumo y reciclado responsable, dona sangre, colabora con una ONG... ¡Ser solidario tiene su recompensa!

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