OPINIÓN
Inmigración y emigración; dos caras de la misma moneda
ÁNGEL T. GARCÍA. Periodista
![[Img #65040]](https://elfar.cat/upload/images/05_2026/2274_angel-t-garcia-copia.jpg)
1960. Barcelona
¿Dónde está Manuel? No ha llegado. Saltó del tren en Sitges y su trayecto no ha acabado en la estación de Francia. No traía papeles. ¡Tantas horas de viaje desde Almería y a los guardias les da por pedir documentos cuando ya llegábamos! En realidad, casi nadie trae ningún permiso ni contrato y habrá quien deba volverse. Dependerá de la actitud de los policías. No se sabe qué criterio utilizan para admitir o expulsar a los recién llegados. ¿Dependerá de las necesidades del mercado de trabajo? En fin. No perdamos el tiempo. Manuel vendrá andando. Tenemos que subir a Torre Baró. Allí nos espera mi cuñado, que vino el año pasado. Viviremos un tiempo en su chabola hasta que podamos hacernos la nuestra. Dicen que tendremos que construirla de noche y a escondidas. Habrá que buscar trabajo de día. No va a ser fácil, pero estaremos mejor que en el pueblo, donde no teníamos futuro.
1970. Hannover
¿Dónde está Pedro? Ha encontrado un segundo trabajo por las tardes. Necesita enviar más dinero a casa. En España se viven tiempos de apertura económica, gracias al turismo, cierta modernización industrial y las divisas que ingresan más de dos millones de trabajadores que están repartidos por Europa, haciendo las labores más esforzadas e ingratas. Pedro comparte una habitación en un piso del extrarradio de Hannover. Viven ocho españolitos en un espacio de 40 metros cuadrados. Dos habitaciones con dos literas cada una. Pero se llevan bien: comparten la morriña, como dicen los dos gallegos. Él trabaja en una fábrica desde el amanecer y ahora ha comenzado a repartir correo y publicidad, gracias a que es espabilado y sabe leer bien las direcciones en alemán, aunque no pueda tener un segundo contrato legal.
1996. Baix Llobregat
¿Dónde está Moha? Salió de madrugada a la recogida de la alcachofa. Hoy tuvo suerte y fue elegido para subirse a la furgoneta del payés. Está fuerte y aguantará todas las horas que hagan falta. Lleva ya casi cinco años fuera de los montes del Atlas, después de aquel terrible viaje, primero cruzando montañas a pie, luego en la patera y después de polizón en aquel camión para cruzar España y llegar a Catalunya. ¿Que si vio sufrimiento? ¿Que si vio gente morir? Ha jurado olvidar todas aquellas calamidades y no volver a llorar más. Pasado este tiempo se pregunta si había merecido la pena. No lo tiene claro. La soledad del principio fue insoportable, las condiciones de vida tampoco fueron las mejores, en aquel piso compartido. ¡Y el desprecio racista que tenía que soportar!
2026. Madrid
¿Dónde está Daisy? Cuidando de la señora Remedios, que es la madre de un director general de la Comunidad. Sí, un gran señor. No le ha mirado jamás a la cara y le llama “la peruana”, pero es un tipo muy elegante y paga. Su vida es sencilla. Vino como turista, aprovechando los vuelos baratos, pero no volvió. Se quedó buscando trabajo, que encontró rápido, ya que hay mucha necesidad de servicio, tanto en el ámbito doméstico como en la restauración. Todavía no tiene papeles y, por lo tanto, no puede tener contrato, pero está empadronada. Con lo que gana cuidando a la señora por la mañana y limpiando escaleras por la tarde y fines de semana, puede enviar dinero a sus tres hijos en Arequipa y pagar su habitación en Vallecas. Admira lo que ve en España. Todo funciona, al contrario de lo que pasa en su país.
Son cuatro historias basadas en realidades. A los dos primeros les llamábamos emigrantes y los dos segundos son ahora inmigrantes. Los cuatro tiene en común su pobreza de origen y sus ganas de prosperar. La diferencia es el momento en que se sitúa la acción. Si el franquismo expulsó a su gente, la España europea y democrática actual es atractiva.
Nos acercamos a los 50 millones de habitantes, siendo el porcentaje de población no nacida en el país de un 20%. Se da la circunstancia de que el índice de natalidad de los venidos de fuera es más alto que el de los originarios, factor que va asociado sobre todo a la edad de las familias. Las mujeres de origen extranjero registran un promedio de 1,27 hijos, mientras que las nacidas en España promedian 1,07 hijos, según fuentes del Instituto Nacional de Estadística.
En definitiva, vienen a trabajar en sectores en los que un país rico necesita mano de obra y este crecimiento de la actividad económica hace que prospere. Además, una vez aposentados, ayudan al crecimiento demográfico. Hasta la iglesia católica se ha dado cuenta. Los que rechazan la regulación de los inmigrantes no tienen ni memoria, ni visión de futuro ni son patriotas.
![[Img #65040]](https://elfar.cat/upload/images/05_2026/2274_angel-t-garcia-copia.jpg)
1960. Barcelona
¿Dónde está Manuel? No ha llegado. Saltó del tren en Sitges y su trayecto no ha acabado en la estación de Francia. No traía papeles. ¡Tantas horas de viaje desde Almería y a los guardias les da por pedir documentos cuando ya llegábamos! En realidad, casi nadie trae ningún permiso ni contrato y habrá quien deba volverse. Dependerá de la actitud de los policías. No se sabe qué criterio utilizan para admitir o expulsar a los recién llegados. ¿Dependerá de las necesidades del mercado de trabajo? En fin. No perdamos el tiempo. Manuel vendrá andando. Tenemos que subir a Torre Baró. Allí nos espera mi cuñado, que vino el año pasado. Viviremos un tiempo en su chabola hasta que podamos hacernos la nuestra. Dicen que tendremos que construirla de noche y a escondidas. Habrá que buscar trabajo de día. No va a ser fácil, pero estaremos mejor que en el pueblo, donde no teníamos futuro.
1970. Hannover
¿Dónde está Pedro? Ha encontrado un segundo trabajo por las tardes. Necesita enviar más dinero a casa. En España se viven tiempos de apertura económica, gracias al turismo, cierta modernización industrial y las divisas que ingresan más de dos millones de trabajadores que están repartidos por Europa, haciendo las labores más esforzadas e ingratas. Pedro comparte una habitación en un piso del extrarradio de Hannover. Viven ocho españolitos en un espacio de 40 metros cuadrados. Dos habitaciones con dos literas cada una. Pero se llevan bien: comparten la morriña, como dicen los dos gallegos. Él trabaja en una fábrica desde el amanecer y ahora ha comenzado a repartir correo y publicidad, gracias a que es espabilado y sabe leer bien las direcciones en alemán, aunque no pueda tener un segundo contrato legal.
1996. Baix Llobregat
¿Dónde está Moha? Salió de madrugada a la recogida de la alcachofa. Hoy tuvo suerte y fue elegido para subirse a la furgoneta del payés. Está fuerte y aguantará todas las horas que hagan falta. Lleva ya casi cinco años fuera de los montes del Atlas, después de aquel terrible viaje, primero cruzando montañas a pie, luego en la patera y después de polizón en aquel camión para cruzar España y llegar a Catalunya. ¿Que si vio sufrimiento? ¿Que si vio gente morir? Ha jurado olvidar todas aquellas calamidades y no volver a llorar más. Pasado este tiempo se pregunta si había merecido la pena. No lo tiene claro. La soledad del principio fue insoportable, las condiciones de vida tampoco fueron las mejores, en aquel piso compartido. ¡Y el desprecio racista que tenía que soportar!
2026. Madrid
¿Dónde está Daisy? Cuidando de la señora Remedios, que es la madre de un director general de la Comunidad. Sí, un gran señor. No le ha mirado jamás a la cara y le llama “la peruana”, pero es un tipo muy elegante y paga. Su vida es sencilla. Vino como turista, aprovechando los vuelos baratos, pero no volvió. Se quedó buscando trabajo, que encontró rápido, ya que hay mucha necesidad de servicio, tanto en el ámbito doméstico como en la restauración. Todavía no tiene papeles y, por lo tanto, no puede tener contrato, pero está empadronada. Con lo que gana cuidando a la señora por la mañana y limpiando escaleras por la tarde y fines de semana, puede enviar dinero a sus tres hijos en Arequipa y pagar su habitación en Vallecas. Admira lo que ve en España. Todo funciona, al contrario de lo que pasa en su país.
Son cuatro historias basadas en realidades. A los dos primeros les llamábamos emigrantes y los dos segundos son ahora inmigrantes. Los cuatro tiene en común su pobreza de origen y sus ganas de prosperar. La diferencia es el momento en que se sitúa la acción. Si el franquismo expulsó a su gente, la España europea y democrática actual es atractiva.
Nos acercamos a los 50 millones de habitantes, siendo el porcentaje de población no nacida en el país de un 20%. Se da la circunstancia de que el índice de natalidad de los venidos de fuera es más alto que el de los originarios, factor que va asociado sobre todo a la edad de las familias. Las mujeres de origen extranjero registran un promedio de 1,27 hijos, mientras que las nacidas en España promedian 1,07 hijos, según fuentes del Instituto Nacional de Estadística.
En definitiva, vienen a trabajar en sectores en los que un país rico necesita mano de obra y este crecimiento de la actividad económica hace que prospere. Además, una vez aposentados, ayudan al crecimiento demográfico. Hasta la iglesia católica se ha dado cuenta. Los que rechazan la regulación de los inmigrantes no tienen ni memoria, ni visión de futuro ni son patriotas.


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